
DESCONOCIDO
Cada semana, luego de enviar estas reflexiones personales a más de 30.000 direcciones electrónicas en los cinco continentes, llega un gran caudal de respuestas. Algunos solicitan ser removidos del listado; otros eligen suscribir a sus amigos, y hay quienes se animan a compartir su opinión personal sobre lo que he escrito. Y a veces... bueno, algunas veces recibo mensajes como este (sépame perdonar, pero he omitido ciertas palabras que usted sabrá entender...):
“Pedazo de m..., las mentiras que queman los cerebros son las tuyas, no quiero mas m... religiosa ni historias fantásticas sobre un creador, soy una persona con educación e intelecto, no necesito esa m...” (G.R.).
¡Evidentemente esta persona “educada” no está de acuerdo con lo que escribí la semana anterior!
Pero lo cierto es que continuamente se dicen (y se escriben) un sinnúmero de cosas sobre Jesús. Muchos interpretan su figura como la de un líder religioso más. Varios se refieren a él como un maestro universal. Y cientos de miles de personas lo ven como un fetiche (muy importante, por cierto) que les asegura prosperidad y buena fortuna.
Sin embargo, considero que el asunto más trascendental que un ser humano puede enfrentar es dar respuesta a la siguiente pregunta: “¿Quién es Jesucristo para mí?”
El prolífico autor español César Vidal Manzanares utiliza palabras exactas para describir este asunto: “A pesar de la profusión de literatura amarillista que continuamente pretende presentar disparatadas versiones de la vida y de la enseñanza de Jesús, lo cierto es que su perfil histórico puede ser reconstruido con relativa facilidad a partir de los datos contenidos en múltiples fuentes históricas”.*
Y párrafos después puntualiza: “...también los romanos pudieron captar lo esencial del mensaje evangélico, el que todos los seres humanos son enfermos espirituales necesitados de la curación que sólo puede dispensar Jesús el Mesías; que la entrada en su reino nunca es el fruto de nuestros merecimientos sino una consecuencia del amor de Dios por nosotros y que la vía para consumar ese proceso es creer en Jesús, que murió en una cruz por nuestros pecados y resucitó demostrando la veracidad de sus pretensiones. Ante ese mensaje, el género humano ha respondido históricamente de maneras muy similares a las mencionadas en la parábola del sembrador pero, sea cual sea la elección particular, persiste la tremenda pregunta de Jesús: ¿de qué le sirve a alguien ganar el mundo si pierde su alma?”*
En este fin de semana, en el que gran parte del mundo conmemora la denominada Semana Santa, ¿por qué no hacer un alto en el camino y llegar al encuentro del verdadero Jesucristo? Él es más que un fetiche, un maestro o un fundador de una religión. Es Dios hecho hombre para que usted y yo podamos acceder a la genuina y auténtica plenitud de vida. La elección es suya.
¡Buen Fin de Semana!
CRISTIAN FRANCO
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* (César Vidal Manzanares, El Testamento del Pescador, MR Ediciones, Madrid, 10º edición, pp. 231, 233-234).