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De: Diego Acosta
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PARECER JOVEN La palabra patético es bastante dura, complicada de usar y además casi hasta violenta. Sin embargo sirve para tratar de explicar algunas situaciones con las que nos encontramos todos los días. Ser joven es una parte de la vida. Pero querer seguir siendo joven o parecer joven, es una cosa totalmente distinta. Nos llama la atención, como hay hombres y mujeres que libran batallas desesperadas contra el paso de los años y se convierten en los grandes compradores de productos que prometen toda clase de milagros en nuestros rostros, en nuestros cuerpos y por supuesto, en nuestra apariencia. También hay ofertas de operaciones quirúrgicas que anuncian resultados no menos milagrosos. No sabemos si estas promesas tan espectaculares, son o pueden ser verdad. No tenemos elementos para juzgar estos resultados, pero si sabemos que tanto nosotros los jóvenes, así como los que dejaron de serlo y llevan la cuestión con dignidad, nos preguntamos que ocurre con éstas personas que buscan perpetuar la juventud. Cada uno de nosotros, es consciente que el paso de los años se nota, poco o mucho, pero se nota. Un día nos daremos cuenta, que ese momento tan especial de la vida que es la juventud, se está transformando en otro momento, que tiene otro nombre, pero que no es más juventud. Si vivimos con propósitos nuestra vida, esta cuestión no tendrá ninguna importancia. Será simplemente otra etapa de esto que llamamos el peregrinaje por la tierra y seguiremos con nuestros proyectos, nuestras ilusiones y también con nuestras luchas. Recordaremos los años pasados, como en su momento recordamos la niñez. Pero creo que lo haremos con la certeza que cuando fuimos jóvenes, vivimos como jóvenes y ahora que ya no lo somos, viviremos de otra manera. Pero no nos aferraremos a ese tiempo que se fue, a esa edad que ya no tenemos y tendremos la alegría de vivir otros años, que también tendrán su encanto. Pensamos en estas personas que no entienden este sencillo razonamiento y se empeñan en ser lo que no son, desafiando a los años, a la naturaleza y a su propia presencia física. No estamos en contra de ellos, sino que los miramos con cariño y con amor, para que recuperen el tiempo perdido en buscar la fórmula de la juventud perpetua. Para que no la busquen más, porque sencillamente no existe.