[ Siguiente | Anterior | Arriba ]
De: Diego Acosta
JUVENTUD. LOS CUENTOS INFANTILES Nos imaginamos que a casi todos nosotros, cuando éramos niños, nos contaban aquellos cuentos prodigiosos, de hombres y mujeres maravillosos, que hacían cosas o les ocurrían cosas, absolutamente increíbles. Luego cuando tuvimos algunos años más, aquellas historias, ya las podíamos leer, pues en el cole, fue una de las cosas que aprendimos a hacer. Cada vez las historias eran más fantásticas magos y los malos de siempre, se enfrentaban a los buenos de siempre. Había princesas maravillosas, hadas bellísimas y porque no, seres que nos asustaban con sus malas acciones. Reconocemos ese pasado, no tan lejano para muchos de nosotros? Creo que si, que nos acordamos de muchas cosas que oímos y de otras que leímos. Hoy, podemos pensar si todo eso que formó para de nuestra niñez, fue bueno o malo para nosotros. Muchas personas sostienen que la mente de los niños debe ser excitada, para fomentar su capacidad de imaginación, su creatividad. Probablemente esta afirmación sea correcta, pero si lo pensamos mejor, por ser correcta, no es garantía de que sea buena. Como casi siempre, nos han leído y hemos leído, aquellos libros simplemente porque nos dijeron que eran para niños. La cuestión es que pensemos quién ha determinado que esos libros son buenos para los niños. Cuántos padres recuerdan las noches en que muchos niños no se podían dormir, pensando en lo que habían escuchado o habían leído? O cuántas veces los niños han llorado por miedo o por pena, con esos mismos libros? Hemos pensado que enseñanzas nos han quedado a los niños? De tanto oír hablar de magos y adivinos, quizás cuando mayores, nos parezca de lo más razonable, que también nosotros podemos ir a supuestos adivinos, por aquello de la suerte y el futuro. Son tan inocentes las historias para niños? No sería mejor que antes de leerles un libro o de permitirles que lo lean, sepamos realmente su contenido. Que podamos estar seguros que eso que está en las manos de nuestros niños, sea lo mejor para ellos. No dejemos que sean otros quienes decidan lo que deben leer nuestros niños. Quizás así, nos evitemos muchas amarguras cuando comprobemos que la realidad es muy distinta a la de esas historias increíbles. Y quizás podamos comprobar, como fuimos engañados, recibiendo mensajes con intenciones ocultas. Hoy, siendo jóvenes, comenzamos nosotros a asumir la responsabilidad acerca de cuando seamos padres o madres,