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De: Diego Acosta
LAGRIMAS Y SONRISAS Lágrimas y sonrisas, es un título conocido, que muchas veces recordamos, cuando vemos los anuncios de jóvenes, siempre alegres, dinámicos, felices y sanos. Con esas imágenes se crea un joven ideal, maravilloso, que pareciera que para lo único que vive es para divertirse y pasarlo bien, como se dice ahora. Una y otra vez, vemos sonrisas, gestos amistosos y cariñosos. Podríamos decir, que pareciera que a los jóvenes todo nos sonríe, que nada nos preocupa. Podríamos decir, que esa puede ser una parte de la realidad. Solo una parte. Porque muchos jóvenes, es verdad que nos reímos, disfrutamos de nuestra edad y que podemos sentir el impulso vital de nuestra energía. Pero eso no significa, que haya otra parte de nuestra vida que sea diferente. No somos todos triunfadores, ni nuestras vidas son una maravilla, como vemos en los anuncios. Lamentablemente la otra realidad, es más dura, más difícil, y también en muchos casos, menos alocada y más pensante. Como se habla ahora, los jóvenes sonrientes, son un estereotipo. Vaya palabra! Pero estereotipo o no, se nos quiere apartar de la realidad, viviendo una irrealidad, peligrosa por su fantasía y por su falta de compromiso. Muchos jóvenes, disfrutamos de nuestra edad, y también afrontamos las otras cosas que nos trae este tiempo de nuestra vida. Nos podemos reír, pero también podemos llorar. Podemos disfrutar, pero también tenemos que sufrir. No somos máquinas que alguien controla y dice: ahora todo el mundo a reír. Somos personas, que nos preocupa este presente que tenemos y el futuro que podemos imaginar. Somos también personas, que nos duele el dolor y el sufrimiento de otras personas. Que no vivimos indiferentes ante el drama humano y que no aceptamos el conformismo con el que se nos quiere hacer vivir. Muchos de nosotros trabajamos y muy duramente, para hacer de este mundo, un mundo mejor. Por eso somos idealistas, porque no aceptamos este mundo tal y como está. Queremos cambiarlo, con nuestra fuerza y también con nuestro amor. No nos resignamos al dolor de los niños, como vemos en las imágenes, ni creemos que eso nunca podrá cambiar. Los jóvenes, también sentimos y tenemos creencias, que nos hacen amar a los demás, como nos amamos a nosotros mismos. Por eso, nos repetimos con la frase del comienzo: lágrimas y sonrisas…