[ Siguiente | Anterior | Arriba ]

EL OSITO FEO

De: Diego Acosta

Comentarios

EL OSITO FEO Hace unos días ordenando un armario, nos encontramos con nuestro osito favorito. Ese que nos regalaron nuestros padres, un día cualquiera. Un día que no era nuestro cumpleaños, ni tampoco habíamos pasado de grado. El osito apareció en nuestra vida, un día en el que simplemente nuestros padres, nos quisieron demostrar su amor. El osito, no era una hermosura y mucho menos era de los más caros. Por el contrario, es más bien feo y de los más baratos. Pero era nuestro osito y es nuestro osito. Así como nuestros hermanos, nuestros rudos y varoniles hermanos mayores, guardan con disimulo, aquella pelota, también vieja y barata, con la que jugaron tantas veces al futbol. Cuando me encontré el osito, fue como recuperar una parte de mi memoria, una parte de mi niñez y por que no, de mi juventud. Y no es porque me gustaría volver al pasado, pues estoy muy contenta con mi presente. Sino, simplemente, porque me hizo recordar que ese osito, fue un regalo de amor. Fue el regalo que me podían hacer mis padres y que yo recibí como si me hubieran entregado el más caro de los juguetes. Y eso me alegró mucho, porque me di cuenta, que todavía sigo valorando a las cosas por lo que representan y no por lo que cuestan. Por eso no le digo nada a mis hermanos, cuando veo que todavía guardan aquella vieja pelota. Porque para ellos también fue un regalo precioso de mis padres, un regalo con amor, el regalo que le podían ofrecer. Ahora cuando veo los regalos que los niños reciben, maravillosos y espectaculares, pienso si para ellos tendrá el mismo valor que mi osito, este viejo y amado osito. Me gustaría que mis padres supieran, cuánto valoro ese regalo. Claro, que en algún momento pude haber pensado que quizás me hubiera gustado más una bicicleta, por ejemplo. Pero si la pedí, no me la pudieron dar. Pero sin pedirlo, me dieron este osito. Es probable que cuando tenga hijos, ellos se rían de mi osito. Pero, a ellos también les daré un regalo, un día cualquiera, para demostrarles el amor que tengo por ellos. Por eso, todos los que tenemos un osito viejo y barato en nuestras vidas, les propongo que lo guardemos con cariño, sin vergüenza, porque nunca será un juguete descartable, como son los que se regalan muchas veces ahora. Son regalos de dinero, tal vez de mucho dinero, pero lamentablemente, de muy poquito amor. Mañana o cualquier otro día, busquemos ese osito perdido o la pelota olvidada, y volvamos a sentir el amor que nos dieron los que nos hicieron el regalo.


Última modificación: 29 de October de 2007