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EL PAYASO PEPO

De: Diego Acosta

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EL PAYASO PEPO Hace unos dìas pude ver en una fiesta infantil, a alguien que estaba haciendo de payaso. No era ni bueno ni malo, tal vez podríamos decir que era voluntarioso. Los niños se reían, sin mucho entusiasmo, pero se reían. De pronto, se me vino a la memoria, un momento de mi niñez, muy parecido. Solamente que ese momento resultó inolvidable, tanto que me acuerdo del nombre del protagonista: El payaso Pepo. Me acuerdo que su ropa no era muy buena y que lo que hacía tampoco era muy bueno. Los niños nos reíamos bastante poco pese a todos sus intentos, a los golpes que se daba, a las caídas contra el suelo. Yo era una de las más grandes del grupo y me dí cuenta que el payaso Pepo, estaba desesperado, porque no conseguía que nos riéramos. Cada vez sus chistes eran mejores, pero los niños no lo entendían así, y poco a poco, las sonrisas desaparecieron. Fue entonces cuando se cruzaron nuestras miradas y pude ver los ojos de pena del payaso. Y cuando la pena se convirtió en lágrimas, entonces los niños volvieron a reír. Se reían de las lágrimas del payaso Pepo! A mí también se me corrieron las lágrimas, porque yo sabía que el payaso lloraba de verdad y yo sentí pena por él. Han pasado algunos años de esa tarde y los que éramos niños, ahora somos todos jóvenes. Pero de vez en cuando, algo me hace acordar al payaso Pepo. Cuando veo en la tele a esos niños desamparados, tristes, algunos llorosos, siempre me acuerdo de aquel payaso. Me acuerdo de sus esfuerzos, de su entusiasmo y también de nuestra indiferencia y nuestra apatía. Hay veces que cuando me esfuerzo, cuando pongo todo mi empeño en hacer mis tareas, me asalta la pregunta si no me pasará a mí, como al payaso Pepo y tenga que llorar para que los demás se den cuenta de mi trabajo y lo valoren. Y ese humilde payaso, cambió mi vida, pues me demostró que fríos y poco solidarios podemos llegar a ser con relación al trabajo de los demás. A los esfuerzos de los demás, a las necesidades de los demás. Porque aquel payaso, lo único que precisaba era que nos riéramos, pues esa era la mejor recompensa para su trabajo. Creo recordar que ese día, el payaso se fue sin cobrar por su trabajo. Y aunque hubiera cobrado, seguramente no se hubiera sentido feliz, porque solamente hizo reír, cuando tuvo que llorar. Ahora, cuando me imagino a algún payaso Pepo cerca de mí, le presto atención, le demuestro que me preocupo por lo que dice y por lo que hace. No me gusta la indiferencia y la frialdad, que hace llorar a los Payasos Pepo, que andan por la vida.


Última modificación: 29 de October de 2007