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LA MUERTE DE LAS CHICAS

De: Diego Acosta

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L PRINCIPE AZUL Una de las sorpresas de nuestra juventud, fue ver como éramos de distintos algunos jóvenes de otros jóvenes. Puede parecer una tontería, pero es así de verdad. Darse cuenta que somos distintos de otros, nos hace pensar en muchas cosas, nos puede ayudar a entender que es lo que puede estar pasando. Cuando éramos niñas, mi madre nos escuchaba cuando le hablábamos de algún chico del cole, que nos gustaba. Nos escuchaba, no nos decía nada en el momento, pero luego nos contaba algunas historias de su vida, en donde siempre había un motivo para pensar. Que significaba que un chico nos gustara y que debíamos hacer y que otras cosas no debíamos hacer. Así mi madre nos fue enseñando, algunos principios que ahora nos resultan tan útiles para vivir con libertad y con alegría nuestra juventud. Cuando dejamos la escuela y cruzamos el umbral del cole, algo cambió en nuestras vidas. Era una experiencia nueva, diferente, más complicada pero también más atractiva. Muchas dejamos nuestras muñecas, por lo menos decíamos que lo habíamos hecho y comenzamos a vivir un nuevo tiempo. Nuestra madre, nos volvió a enseñar con sus historias, que le había pasado a ella cuando fue al instituto. Y nosotras aprendimos. Aquellas fantásticas historias del príncipe azul, se transformaban para muchas compañeras, en muchas historias, fugaces y alocadas. Y se transformaban también en muchos fracasos y llantos. Y comenzamos a ver de cerca el dolor, el daño que nos podemos hacer cuando queremos vivir de cualquier manera y no nos damos cuenta, de los riesgos que corremos. Riesgos físicos y riesgos espirituales. Sabiendo lo normal que resulta que nos guste un chico, también sabemos como nos debemos comportar para que esa simpatía no nos lleve a malos resultados. Esos principios que nuestra madre nos enseñó y que nuestro padre respaldó con sus palabras, nos formaron un carácter con el que podemos hablar del príncipe azul, pero sin fantasías ni utopías. Sabemos que en el momento preciso, ni antes ni después, llegará a nuestra vida no el príncipe azul, pero si el hombre con el que podremos imaginar el futuro. Y cuando llegue, estaremos preparadas no para historias fantásticas, pero si para una esperanza bonita, como nos enseñó nuestra madre, acerca de su príncipe azul. Ese príncipe azul, que hoy llamamos papá.


Última modificación: 29 de October de 2007