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LA DESPEDIDA

De: Diego Acosta

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LA DESPEDIDA Estábamos llegando a mitad de año, haciendo planes para el tiempo de las navidades. Mi compañera de mesa desde la primaria, esa chica a la que consideraba como una de mis hermanas, me dio la noticia. La notaba rara esa mañana, con los ojos como si hubiera estado llorando. Sin hablar, sabía que algo le estaba pasando, algo serio, muy importante. Con palabras entrecortadas, me dijo que a su padre lo trasladaban en la empresa y que se tendrían que ir a vivir a otra ciudad. Así de simple y de sencilla era la noticia. A mí también se me corrieron las lágrimas. Como era posible que una cosa así, pudiera ocurrir? Estuvimos mucho tiempo calladas, cosa rarísima entre nosotras. Las profesoras nos vivían amenazando que nos cambiarían de sitio, si seguíamos hablando. Pero todas sabían, que nuestra relación venía desde que éramos unas niñas. Intentando cambiar lo que ya estaba dispuesto, le pregunté si no era posible que su padre, cambiara de opinión. Y ella me dijo que no era cuestión de su padre, sino de la empresa donde trabajaba. Para él era muy importante el cambio, pues significaba un ascenso y una mejor posición económica para la familia. Esa explicación fue uno de los primeros grandes choques con la realidad. No con la realidad que nos imaginábamos, sino con la realidad concreta, la de todos los días. Así, mi amiga y yo, aprendimos que las noticias, para unos pueden ser muy buenas, pero para otros desastrosas. Como todavía me quedaba un argumento, le pregunté si no era posible que ella se quedara en nuestra ciudad y en mi casa, más concretamente. Ella me miró, con los ojos llenos de lágrimas y me dijo, que era imposible. Que sus padres nunca la dejarían, aunque fuera en mi casa. No era por dudas, sino porque se presentaba una nueva etapa en la vida de la familia y era natural y lógico que quisieran que la iniciaran todos juntos. Así fue como nos dimos de cabeza contra la realidad. No valían los argumentos de nuestras jóvenes mentes. Ese día, comenzamos a hacernos un poco mayores. Dejamos un pedazo de nuestra historia personal y la cambiamos por un futuro donde nuestros sueños, ya no serían los mismos. Pero lentamente, comenzamos a aceptar esta verdad, que era bueno para la familia y que era bueno, incluso para mi amiga. Como sería el futuro a partir de ahora? Con quién hablaríamos de nuestras pequeñas grandes cosas? De nuestras alegrías y de nuestros temores? Y como me diría ella, las cosas bonitas que le decía su amigo del quinto C? Lloramos. Lloramos mucho, pero un día nos tuvimos que separar. Cuando entré y me senté, miré la mesa vacía de mi compañera, las lágrimas se me corrían sin poderlas contener. Pero ese día, triste día para mí, no sabía que me estaba haciendo mujer. Que la chica de los sueños y la fantasía, comenzaba a caminar por la realidad. Esa realidad, que muchas veces, no queremos aceptar.


Última modificación: 29 de October de 2007