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EL MEJOR REGALO

De: Diego Acosta

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En estos días mientras miraba todo el centro lleno de luces, con motivo de Navidad, me recordé de un momento muy especial. Ocurrió hace unos pocos años, cuando por estas mismas fechas, en mi casa tuvimos lo que llamaríamos un serio problema familiar. No era entre nosotros, pero si nos afectaba a todos. Fue un tiempo muy difícil, muy duro, aún para nosotros que éramos los hijos jóvenes de una familia normal, como tantas otras. Nuestra preocupación nos alejaba del clima que estamos viviendo en estos tiempos. Nos alejaba, porque la solución a la cuestión parecía totalmente lejana a la posibilidad de solucionarla, que tenían mis padres. Y desde nuestra perspectiva, nos parecía más angustiante todavía. Estábamos tan metidos en el asunto, que nadie hablaba de festejos y mucho menos de los presentes que por estas fechas, nos inducen a comprar. Cuando estábamos tan próximos a la navidad, como estamos ahora, ocurrió un hecho inolvidable. Mi padre nos reunió, y como jefe de nuestra familia, nos explicó con su franqueza de siempre, lo que estaba pasando. El momento era malo, pero debíamos confiar en que el depositario de nuestra fe, nos ayudaría como siempre lo había hecho. La explicación fue larga, porque solo así podríamos entender la verdadera gravedad del problema Y esto nos tranquilizó, porque nuestro padre que era además nuestra autoridad como familia, nos había hablado de una manera tan sencilla como profunda. Y luego, ya más tranquilos, nos dimos cuenta que estábamos tan próximos de la navidad. Ahí, volvimos a la realidad acerca de las cosas que ocurrían a nuestro alrededor. Fuimos conscientes de que ese año no tendríamos ni regalos, ni regalitos. Que ese año no habría regalos, ni siquiera para la más pequeña de mis hermanas. Y fue entonces, cuando ocurrió ese momento maravilloso. Mi padre nos estaba diciendo, precisamente eso, que no debíamos esperar ninguna clase de presentes. Pero nos dijo, que él tenía la seguridad, que el problema que teníamos se iba a solucionar y que podríamos festejar con paz y gozo el nacimiento del niño en Belén. Y por primera vez, nos abrazamos todos, mi padre, mi madre y mis hermanas y estuvimos un tiempo estrechamente unidos. Hubo más de una lágrima, pero no fueron lágrimas de tristeza, sino de una profunda alegría. Porque como familia, estábamos unidos por algo más que por las emociones de estos tiempos. Estábamos unidos por el auténtico espíritu de familia. Por el amor que nos teníamos, por el amor que podíamos sentir en ese abrazo. Y ese fue el mejor regalo que podíamos recibir para festejar el nacimiento del niño Jesús. Es probable que haya otros momentos tan buenos como este, pero este será inolvidable. Porque fue el mejor regalo.


Última modificación: 29 de October de 2007