[ Siguiente | Anterior | Arriba ]
De: Diego Acosta
Mis padres han sido siempre unas guías para nuestras vidas, amorosas y también creativas. Mis hermanos y yo, no nos aburrimos nunca de sus consejos, de esa tarea de educarnos y de darnos los fundamentos para nuestra vida. Hace poco, mientras veía un álbum de fotos del instituto, me acordé de algo que ocurrió no hace mucho tiempo. Algunas amigas y yo, estábamos hablando en casa, acerca de lo guapo que era uno de los chicos nuevos, en el instituto. Como siempre mi madre, espero la oportunidad y me enseñó con una de sus anécdotas. Dijo que cuando ella estaba en cuarto año, llegó a donde ella estudiaba un auténtico galán. Con una sonrisa me comentó que el éxito del nuevo compañero, había sido tan grande, que muchos de los varones del instituto, se sintieron agraviados por nosotras. El chico nuevo, fue consciente del éxito que había logrado y mantuvo una actitud, de mucha soberbia y prepotencia. Como es de suponer, tuvo algunos amoríos con dos o tres chicas, hasta que finalmente, con el tiempo se fue mostrando tal cual era. Y mi madre, me alertó acerca de las apariencias y de los errores que podemos cometer, si nos dejamos llevar por ellas. Aquel chico que había dejado rotos los corazones de muchas sus compañeras, era solo una cara bonita, pero poca cosa más. No resultó ser un buen compañero, ni sus comentarios sobre sus noviazgos breves y superficiales, fueron los más afortunados. Contó mi madre, que poco a poco, todo volvió a la normalidad, cuando se fueron acostumbrando a que tenían en el instituto, a un chico notablemente guapo. Y así fueron valorando a los otros varones del instituto, aquellos que eran buenos compañeros, chicos respetuosos y cordiales con todas ellas. Mi madre, me alertó para que no me dejara llevar por las apariencias y sobre todo, por las apariencias externas de las personas. Tras una gran fachada, puede que haya solamente eso, como ocurre con muchos edificios que los derrumban en el interior y solo les dejan el frente. Mirando de nuevo las fotos, comprendí la sabiduría de mi madre y lo buena de su historia. No es buena cosa dejarnos encandilar, por algunas personas, porque cuando las conocemos mejor, nos podemos dar cuenta que solo son una cara bonita. Y lo peor del caso, es que nos podemos alejar de gente buena, que ha estado a nuestro lado, tratándonos con respeto, con amistad, con cariño. De ada de esas cosas tan importantes, nos debe apartar una cara bonita. Sea un chico, o una chica.