[ Siguiente | Anterior | Arriba ]
De: Diego Acosta
No es muy usual que nuestros padres tengan el gesto serio, durante algún tiempo. Cuando eso ocurrió, nos extrañó y finalmente, les preguntamos si podíamos saber que les pasaba. Mi madre, nos contestó que unos amigos de ellos, habían tomado la decisión de divorciarse. Y eso los estaba afectando mucho. Nosotras, les contestamos, que en realidad era una decisión, que ellos estaban tomando y que por tanto, había que respetarla. Nuestra madre, como siempre en estos casos, nos dijo que no habíamos pensado lo que decíamos. Si lo hubieran pensado y se hubieran acordado, de todo lo que tu padre y yo les hemos dicho, se habrían dado cuenta lo grave que es un divorcio. Nosotras esperábamos la historia y la historia, vino a modo de recordar como los padres de una amiga suya, se habían divorciado. Mi madre nos dijo, que cuando sus padres se enteraron de la noticia, lo primero que hicieron, fue decirle a ella, que si su amiga quería venir a casa, que lo hiciera. Mi madre, que por aquel entonces estaba soltera, habló con su amiga y ella vino durante unos días a vivir a la casa familiar. Mi madre, nos contó como nuestra abuela, habló con esa chica, como le trató de hacer entender, que el divorcio era un problema de los mayores y que los jóvenes, debíamos aceptar, a pesar del dolor que nos causara. Mi amiga, dijo mi madre, varias veces afirmó que ella nunca se casaría, después de lo ocurrido con sus padres. Mi abuela, le contestó entonces: mira querida, el divorcio no es hereditario y tu formarás tu familia, cuando Dios lo permita y tendrás muchos hijos y una vida muy buena. Por difícil, que todo eso te parezca hoy. Y claro, nosotras le preguntamos a mi madre, si su amiga se había casado. Y la respuesta fue que si, que se había casado con un hombre muy bueno y que Dios le había dado la dicha de tener cinco hijos. Mi madre, nos explicó que la preocupación de ella y de mi padre, eran los hijos de sus amigos. Para que ellos no tuvieran que cargar en sus vidas, con el peso de un divorcio, con la destrucción de su hogar. Y nos comentó que a pesar de todos sus esfuerzos, sus amigos habían decidido mantener su intención de divorciarse. Pero que ellos habían hecho lo imposible, por hacerles reconsiderar la situación. MI madre con mucho pesar, nos anunció que también habían hablado con los hijos de la pareja y les habían comentado, lo mismo que mi abuela a su amiga. Que el divorcio, es triste, es doloroso, pero que no es hereditaria. Y por tanto, hay que asumirlo con valentía, pero sin creer que es una maldición sobre nuestras vidas. Aquel día, aprendimos otra lección más para vivir, nuestras propias vidas. Sabiendo que el divorcio, es la peor de las soluciones, pero muchas veces es inevitable.