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De: Diego Acosta
Ya estamos en pleno verano, el tiempo tan ansiado por muchos, por fin ha llegado. Esta parece ser la síntesis de lo que escuchamos en estos días. Y junto con el verano, se nos habla de que debemos vivir intensamente este tiempo, sin limitaciones de ningún tipo. Se nos recomienda lo que debemos beber, lo que debemos comer, como nos tenemos que divertir e incluso se nos habla del sexo seguro. Todo eso parece formar parte del verano, como si en este tiempo nada de lo que hagamos pueda tener ninguna consecuencia para nuestras vidas. Pero esto es realmente así? Como jóvenes que somos, también tenemos nuestras expectativas, pero son diferentes. No nos planteamos vivir el verano alocadamente, sin tener en cuenta las cosas en las que creemos. Se nos habla de los amores del verano, como si el amor, pudiera tener una estación más propicia que otra. O en realidad, se le está dando a la palabra amor otro significado? Será por eso, que a los amores del verano, se le agrega lo del sexo seguro. O será también que se nos impulsa a vivir de una manera, que hace realidad, aquello de que todo vale, que todo está permitido. Pero como hemos dicho alguna vez, se nos habla del verano, pero nadie nos dice que un día terminará. Y que ocurrirá cuando termine el verano? Que pasará cuando a finales de septiembre o en los primeros días de octubre, nos demos cuenta que estamos cambiando de estación? Este clima supuestamente lleno de alegría, de mentes desprejuiciadas y modernas y progresistas, nos puede afectar. Por mucho más tiempo de lo que dura verdaderamente el verano. Podemos hacer cosas, que quizás tengamos que lamentar toda nuestra vida. Por eso debemos pensar, que el simple hecho de ser jóvenes, no significa que debamos hacer locuras, que tener amores de verano y que podamos hacer lo que mejor nos parezca. Si en cambio podemos vivir este tiempo, con la misma alegría con la que vivimos todas las estaciones del año. Sintiéndonos jóvenes, que estamos vivos y que sabemos vivir la vida que nos ha sido dada. Somos jóvenes, con compromiso, que sabemos usar nuestro tiempo y nuestra propia vida, para cuestiones mucho más importantes, que vivir alocadamente un verano. Que los supuestos amoríos del verano, solo nos pueden dejar recuerdos amargos y marcas espirituales, que quizás nos duren toda la vida.