[ Siguiente | Anterior | Arriba ]
De: Diego Acosta
Que nos ocurre cuando perdemos la calma? Que nos pasa, cuando nos atribulamos? Estas sencillas preguntas, me las estuve haciendo durante varios días, como consecuencia de un problema en mi trabajo. Hemos sido enseñadas, a saber diferenciar acerca de los tipos de problemas que nos podemos enfrentar. Y uno de ellos, es precisamente, como debemos obrar cuando un problema laboral, nos afecta en forma directa. En mi trabajo, hace unos días se produjo una situación, que aunque no tenía que ver conmigo directamente, me afectaba. Y tengo que decir, que durante un cierto no podía quitarme de la cabeza, como hacer para librarme de las dificultades que tenía que soportar. Y como es natural, las ideas nos dan vuelta, por la cabeza, una vez tras otra, hasta hacernos perder, verdaderamente la calma. Fue en esos días, cuando de la manera más inesperada, alguien me habló del dominio propio, de la necesidad de controlar nuestras emociones. Y esas palabras cayeron muy hondo en mi corazón, y recordé entonces lo que se me había enseñado. En las cuestiones espirituales, debemos estar muy centrados, para no caer en las trampas que la vida nos presenta. No debemos aceptar que se nos quite la paz, por un simple problema laboral, o por la actitud de algunos compañeros. Lo cierto es que cuando escuché, que debíamos saber dominar nuestros pensamientos y nuestras emociones, me recordé de muchas cosas sobre las que había sido enseñada. Y en un momento, toda aquella pesadumbre, que tenía sobre mi vida, desaparecieron. Y a partir de ese momento, me dediqué a resolver la situación, desde una nueva perspectiva. Con la idea que debemos afrontar todas las situaciones, con firmeza, sin dejarnos agobiar, obrando con la seguridad que debemos tener siempre en nuestras decisiones. Y en que basamos esa seguridad? En la certeza, de que quién nos ha creado, nos guarda y nos fortalece. En otras palabras nos cuida y nos consuela. Y por tanto no debemos caer en la angustia y el temor. A cada situación, le debemos dar su verdadera importancia, sabiendo, que no estamos solos, que siempre estaremos cuidados, por quién nos ha dado la vida.